Mi hijo se llama Emiliano

¿Otra vez tengo mareos matutinos?, pero si hace mucho que terminé con los achaques. Puse las manos en mi escritorio para no caerme, luego inhalé profundo y cerré los ojos para concentrarme en la respiración.

Inhala… exhala.

Esta sencilla técnica me había funcionado los primeros meses, pero no me estaba ayudando en ese momento porque empecé a sentir el mareo en mis manos, era como si la mesa se estuviera balanceando. Pensé: “¡Esto es peor que al principio!, de seguro me va a dar náuseas y luego estaré vomitando el piso de la oficina”.

Me imaginé la escena con claridad, sentí un adelanto de la vergüenza por la catarata de huevos con chorizo que inundaría el piso. De pronto escuché la voz de Emiliano, y se hacía más fuerte en cada paso que daba desde su oficina, me estaba gritando muy alterado: “¡Dina, Dina!… ¿Qué estás haciendo? ¡CÓRRELE! ¡Tenemos que salir, está temblando!

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Digan su nombre y a qué se dedican

Eramos cinco mujeres sentadas en círculo. No nos conocíamos y por eso el maestro nos pidió que nos presentáramos: “Digan su nombre y a qué se dedican”.

Empezó su presentación una señora de unos setenta años. Dijo que se llamaba Laura, que daba cursos de pintura para niños en la cochera de su casa, que vendía pastelitos los fines de semana y que tenía un huertito en su patio.

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Hay que darnos cuenta

No es que las mujeres tengamos un conocimiento innato sobre el cuidado de un bebé. 

Lo que pasa es que lo estudiamos desde niñas. Aprendimos cómo cambiar a un bebé y a combinar la ropita, darle biberón cuando llora, ponerle un pañal y hasta traer al nenuco cargado todo el día.

No es que los hombres, por ser hombres, no sepan cuidar a sus hijos o hijas. 

Es que desde niños les dijeron que los nenucos eran cosa de niñas. Lamentablemente se lo creyeron, y lo peor es que nosotras también.

Saber cuidar un hijo no es cuestión de rol de género. Es esta cultura del patriarcado en la que nos educaron, la que dicta que como la mujer es la que se embaraza, entonces es la que por “naturaleza” debe cuidar a los bebés, que como es la que amamanta, es la que debe responsabilizarse 100% del bebé.

Pero nos estamos dando cuenta que a esa cultura del patriarcado se le olvidó que una mujer no se embaraza sola, que por “naturaleza” son dos los involucrados y que la responsabilidad de los cuidados debe ser equitativa.

Hay que darnos cuenta

Lee esto y ve cómo te sientes:

Una mujer, al convertirse en mamá, no tiene la obligación ni el deber de dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar a su bebé.

Ahora lee esto:

Un hombre, al convertirse en papá, no tiene la obligación ni el deber de dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar a su bebé.

¿Sentiste conflicto al leer la primera frase? Hay que darnos cuenta que hemos normalizado que una mujer, por ser mujer, sea la cuidadora de su bebé el 100% de su tiempo.

Y si bien le va y el papá le “ayuda”, cuida a sus hijos el 90% de su tiempo.

¶ Fin de párrafo

Reseña: Las noches habitadas

Las noches habitadas es la historia de cuatro mujeres cada una tan distinta a la otra, que sin embargo tienen en común dos cosas: el insomnio y que ponen en el centro de sus vidas la relación con los hombres.

Novela escrita por Alma Delia Murillo, nos cuenta la historia de estas mujeres utilizando tres tipos de narrador; primero hace que cada mujer nos comparta lo que piensa y lo que está viviendo, luego nos regala un narrador omnisciente para relatarnos los encuentros que suceden entre ellas y por último completa sus historias a través de la perspectiva que tienen unas de otras. Así vamos leyendo y encontrando los saltos de narrador de un párrafo a otro.

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No me lo vas a creer.

Tienes libre albedrío para pensar que lo que te voy a contar no es verdad. Cada quien puede creer en lo que quiera. Y yo creo en lo que me pasó.

Resulta que compré un atado de hierbas, y ya sabes que las hierbas son medicinales y tienen varios usos, como cuando pones lavanda en el difusor para sentir calma. Pues yo compré un atado de ramitas que supuestamente ayuda para nuevos comienzos. El chiste es quemarlo de una orilla y dejarlo consumir mientras el aroma impregna tu casa… o puedes hacer con él cualquier otra cosa que se te antoje.

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La devaluación que nos impusieron

Un hombre que admiro, dijo un día en una conversación trivial en un bar, que si él se divorciara se buscaría una mujer más joven, porque tiene la opción y porque no hay necesidad de batallar con mamás solteras.

Esa es una expresión patriarcal que asigna valor a las mujeres, un valor respecto a la condición de la mujer.

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Reseña: Cansadas

En mi blog me la paso escribiendo de feminismo y machismo, incluso ya les platiqué que yo crecí dentro de una burbuja de equidad de género, y siempre pensé que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y las mismas capacidades y lo mismo de todo. Pero luego me di cuenta que una cosa es lo que yo pensaba y otra muy diferente lo que nos enseñan y lo que vivimos.

Y de ese darme cuenta de la diferencia entre lo que yo pensaba y lo que realmente sucedía, me hice feminista. Pero he sido feminista sin estudiar a fondo sobre el movimiento social y cultural.

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