Ganamos el Mundial de Escritura

Escribo cuando me siento inspirada. Unas veces me inspira el dolor y la tristeza, y se convierten en disparadores de mis letras, empujando las emociones hasta el teclado y convirtiendo todo el proceso en un hábito terapéutico.

Unas veces me inspira la fantasía, mi preciosa costumbre de soñar despierta, de imaginarme qué pasaría si… y de pronto me encuentro mirando recuerdos que nunca viví y situaciones que aún no llegan. En esos ratos me cosquillean las yemas de los dedos, es como si el torrente sanguíneo llenara mis manos de adrenalina y mi pecho de mariposas, todo mi cuerpo quiere escribir lo que ven mis ojos, esas quimeras que no ve nadie.

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Tíralo y no te desgastes

Ya no queremos reparar nada, mejor lo tiramos y conseguimos uno nuevo.

Me acuerdo cuando mi mamá llevaba sus zapatos a ponerles suela nueva con el zapatero, y cuando se los entregaban olían a pegamento y estaban bien pintaditos.

Me acuerdo del montón de hoyos de calcetín que mi mamá cocía y les daba segunda vida. Se sentía chistoso en el dedo, pero servían.

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Dicen que los hombres no pueden ser feministas

pero yo opino lo contrario.

Primero lo leí en una cuenta anti machismo de instagram, pero desde mi perspectiva no supieron explicar o dar bases concretas para justificar claramente por qué decían que los hombres no pueden ser feministas.

Luego me encontré con este vídeo de una defensora del feminismo, llamado “Los hombres nos siguen explicando cosas” y al escucharlo ya entendí a que se referían los de la cuenta anti machismo.

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Cosas de niñas

Mi mamá me platicó varias veces la historia de cuando yo nací; ya saben de esa satisfacción materna para contar las experiencias de sus crías. En algunas de esas veces, me dijo que mi papá quería que yo fuera niño; ya saben, típico de padres boomers eso de primogenitura masculina.

A lo mejor ahí se me implantó este chip feminista, o a lo mejor es algo de mi generación. Sea como sea, crecí en una burbuja de equidad de género, que más tarde que temprano, me di cuenta que se llamaba feminismo.

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Admito que tengo solo 3 pantalones en mi vida

Tener poco, de lo que sea, es una idea que asusta. La vida se tratara de una búsqueda por tener más, más de lo que sea, pero más. Una búsqueda que no terminan nunca, una búsqueda sin fin. Vivimos una experiencia polarizada, literalmente como pilas: o tienes más o tienes menos, pero no hay puntos medios.

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Aún no puedo

Me da la impresión que soy más cobarde que valiente. Me la vivo diciendo que nada me asusta y que por miedo nada me detiene.

Tengo la consigna en mi mente de enfrentar mis miedos y hacer lo que se tenga que hacer sin congelarme. No importa si se trata de hablar en público, caminar en la orilla de un edificio o hacer algo que nunca he hecho que pueda definirme como ‘muy valiente’.

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