El respeto se gana

Respeto no como ese acto de “respetar a los mayores” o “respetar el lugar para personas discapacitadas”, porque ese es un tipo de respeto que se da a las personas que están en una posición de fragilidad; ese es el mismo tipo de respeto cuando decimos: “respeta a las mujeres”. No, no hablaré de ese tipo de respeto.

Quiero hablar del respeto que damos a las personas que consideramos que son especiales por algún motivo. Del respeto que nace de la admiración, de saber que estamos frente a alguien que, por su trayectoria o conocimiento, merece nuestro respeto. El respeto que nos hace querer escuchar a esa persona, y que nos lleva creer todo lo que nos dice.

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Como cuando para avanzar, das veinte años de pasos atrás.

En el 2021 fue que me animé a seguir mi sueño de ser escritora. Por eso me anoté a talleres, leí libros sobre escritura, seguí varios blogs de buenas y bonitas escrituras, y de escritores que admiro, e incluso me la pasé escuchando podcast sobre escritura.

Y terminé el año con el logro de admitir, para mí misma y para unos cuantos, que soy escritora. Porque a lo mejor parece fácil que cualquiera ande por ahí diciendo que es escritor, pero da miedo enfrentarse al qué dirán.

Salí del closet.

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Una scout… veinte años después

¿Qué mueve a una chava de casi veinte años a querer ser scout?, sobre todo cuando había tenido cero contacto con el movimiento. Es más, pensé que solo existía en Estados Unidos, y eso por las pelis.

Pero me invitaron, y dijeron que se acampaba… y eso movió las fibras de mi niña interior que iba a acampar con su familia, cuando aún éramos familia. Me registré en el grupo octavo.

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Sin salud nada quiero.

Sin salud, nada vale, nada cuenta, nada quiero.

La mayoría de nosotros andamos tan bien de salud demasiado tiempo, que nos parece habitual vivir así… y por eso ponemos nuestra atención en todo lo demás: en eso que queremos porque no lo tenemos. Pero la salud, como la damos por hecho, no es algo en lo que nos ocupemos.

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El caso de las PINKS GIRLS GDL

Sabemos que las redes sociales son solo una parte de la realidad, y que debemos ver todo con ojo analítico, porque “caras vemos, corazones no sabemos”.

Aún así tendemos a compararnos, y a pensar que nuestra vida no es tan feliz como la de tal o cual… creemos que somos las únicas con problemas económicos, problemas de pareja, problemas con la comida, problemas, problemas, problemas.

De ahí que nacieron estas cuentas que promueven “la vida real”, por así decirlo, son influencers que no solamente se quitan los filtros, sino que además los hacen evidentes, y nos dicen: Este es un cuerpo de verdad, está es una relación de pareja real, esto es ser mamá, esta es una casa sin filtros, etc.

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Digan su nombre y a qué se dedican

Eramos cinco mujeres sentadas en círculo. No nos conocíamos y por eso el maestro nos pidió que nos presentáramos: “Digan su nombre y a qué se dedican”.

Empezó su presentación una señora de unos setenta años. Dijo que se llamaba Laura, que daba cursos de pintura para niños en la cochera de su casa, que vendía pastelitos los fines de semana y que tenía un huertito en su patio.

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Hay que darnos cuenta

No es que las mujeres tengamos un conocimiento innato sobre el cuidado de un bebé. 

Lo que pasa es que lo estudiamos desde niñas. Aprendimos cómo cambiar a un bebé y a combinar la ropita, darle biberón cuando llora, ponerle un pañal y hasta traer al nenuco cargado todo el día.

No es que los hombres, por ser hombres, no sepan cuidar a sus hijos o hijas. 

Es que desde niños les dijeron que los nenucos eran cosa de niñas. Lamentablemente se lo creyeron, y lo peor es que nosotras también.

Saber cuidar un hijo no es cuestión de rol de género. Es esta cultura del patriarcado en la que nos educaron, la que dicta que como la mujer es la que se embaraza, entonces es la que por “naturaleza” debe cuidar a los bebés, que como es la que amamanta, es la que debe responsabilizarse 100% del bebé.

Pero nos estamos dando cuenta que a esa cultura del patriarcado se le olvidó que una mujer no se embaraza sola, que por “naturaleza” son dos los involucrados y que la responsabilidad de los cuidados debe ser equitativa.

Hay que darnos cuenta

Lee esto y ve cómo te sientes:

Una mujer, al convertirse en mamá, no tiene la obligación ni el deber de dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar a su bebé.

Ahora lee esto:

Un hombre, al convertirse en papá, no tiene la obligación ni el deber de dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar a su bebé.

¿Sentiste conflicto al leer la primera frase? Hay que darnos cuenta que hemos normalizado que una mujer, por ser mujer, sea la cuidadora de su bebé el 100% de su tiempo.

Y si bien le va y el papá le “ayuda”, cuida a sus hijos el 90% de su tiempo.

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