El caso de las PINKS GIRLS GDL

Sabemos que las redes sociales son solo una parte de la realidad, y que debemos ver todo con ojo analítico, porque “caras vemos, corazones no sabemos”.

Aún así tendemos a compararnos, y a pensar que nuestra vida no es tan feliz como la de tal o cual… creemos que somos las únicas con problemas económicos, problemas de pareja, problemas con la comida, problemas, problemas, problemas.

De ahí que nacieron estas cuentas que promueven “la vida real”, por así decirlo, son influencers que no solamente se quitan los filtros, sino que además los hacen evidentes, y nos dicen: Este es un cuerpo de verdad, está es una relación de pareja real, esto es ser mamá, esta es una casa sin filtros, etc.

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Reseña: Hábitos atómicos

La historia de cómo llegó este libro a mis manos te parecerá conocida y a lo mejor te identificas.

Para empezar este libro no es mío, es de mi marido; se lo recomendaron sus colegas médicos. Y como tengo el prejuicio de que los doctores lo único que leen es sobre medicina, y poco o nada de lo demás; desdeñé la recomendación. Le hice el fuchi. Deduje que sería de esos libros de autoayuda que no me gustan por simplones, de esos que tienen poco contenido y mucha palabrería larga. Y lo descarté de mi lista “por leer”.

Olvidé el libro.

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Mi hijo se llama Emiliano

¿Otra vez mareos matutinos?, pero si hace mucho que se habían terminado los achaques. Puse las manos en mi escritorio para no caerme, inhalé profundo y cerré mis ojos para concentrarme en la respiración.  

Inhala… exhala.

Esta sencilla técnica me había funcionado los primeros meses, pero no me estaba ayudando en ese momento porque empecé a sentir el mareo en mis manos, era como si la mesa se estuviera balanceando. Pensé: “¡Esto es peor que al principio!, lo siguiente serán las náuseas y luego estaré vomitando el piso de la oficina”.

En mi mente imaginé claramente la escena de vergüenza por la inminente catarata de huevos con chorizo que inundaría el piso. De pronto escuché la voz de Emiliano cada vez más fuerte mientras venía desde su oficina, me estaba gritando muy alterado: “¡Dina, Dina!… ¿Qué estás haciendo? ¡CÓRRELE! ¡Tenemos que salir, está temblando! 

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Digan su nombre y a qué se dedican

Eramos cinco mujeres sentadas en círculo. No nos conocíamos y por eso el maestro nos pidió que nos presentáramos: “Digan su nombre y a qué se dedican”.

Empezó su presentación una señora de unos setenta años. Dijo que se llamaba Laura, que daba cursos de pintura para niños en la cochera de su casa, que vendía pastelitos los fines de semana y que tenía un huertito en su patio.

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Hay que darnos cuenta

No es que las mujeres tengamos un conocimiento innato sobre el cuidado de un bebé. 

Lo que pasa es que lo estudiamos desde niñas. Aprendimos cómo cambiar a un bebé y a combinar la ropita, darle biberón cuando llora, ponerle un pañal y hasta traer al nenuco cargado todo el día.

No es que los hombres, por ser hombres, no sepan cuidar a sus hijos o hijas. 

Es que desde niños les dijeron que los nenucos eran cosa de niñas. Lamentablemente se lo creyeron, y lo peor es que nosotras también.

Saber cuidar un hijo no es cuestión de rol de género. Es esta cultura del patriarcado en la que nos educaron, la que dicta que como la mujer es la que se embaraza, entonces es la que por “naturaleza” debe cuidar a los bebés, que como es la que amamanta, es la que debe responsabilizarse 100% del bebé.

Pero nos estamos dando cuenta que a esa cultura del patriarcado se le olvidó que una mujer no se embaraza sola, que por “naturaleza” son dos los involucrados y que la responsabilidad de los cuidados debe ser equitativa.

Hay que darnos cuenta

Lee esto y ve cómo te sientes:

Una mujer, al convertirse en mamá, no tiene la obligación ni el deber de dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar a su bebé.

Ahora lee esto:

Un hombre, al convertirse en papá, no tiene la obligación ni el deber de dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar a su bebé.

¿Sentiste conflicto al leer la primera frase? Hay que darnos cuenta que hemos normalizado que una mujer, por ser mujer, sea la cuidadora de su bebé el 100% de su tiempo.

Y si bien le va y el papá le “ayuda”, cuida a sus hijos el 90% de su tiempo.

¶ Fin de párrafo

Reseña: Las noches habitadas

Las noches habitadas es la historia de cuatro mujeres cada una tan distinta a la otra, que sin embargo tienen en común dos cosas: el insomnio y que ponen en el centro de sus vidas la relación con los hombres.

Novela escrita por Alma Delia Murillo, nos cuenta la historia de estas mujeres utilizando tres tipos de narrador; primero hace que cada mujer nos comparta lo que piensa y lo que está viviendo, luego nos regala un narrador omnisciente para relatarnos los encuentros que suceden entre ellas y por último completa sus historias a través de la perspectiva que tienen unas de otras. Así vamos leyendo y encontrando los saltos de narrador de un párrafo a otro.

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No me lo vas a creer.

Tienes libre albedrío para pensar que lo que te voy a contar no es verdad. Cada quien puede creer en lo que quiera. Y yo creo en lo que me pasó.

Resulta que compré un atado de hierbas, y ya sabes que las hierbas son medicinales y tienen varios usos, como cuando pones lavanda en el difusor para sentir calma. Pues yo compré un atado de ramitas que supuestamente ayuda para nuevos comienzos. El chiste es quemarlo de una orilla y dejarlo consumir mientras el aroma impregna tu casa… o puedes hacer con él cualquier otra cosa que se te antoje.

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