Mi hijo se llama Emiliano

¿Otra vez mareos matutinos?, pero si hace mucho que se habían terminado los achaques. Puse las manos en mi escritorio para no caerme, inhalé profundo y cerré mis ojos para concentrarme en la respiración.  

Inhala… exhala.

Esta sencilla técnica me había funcionado los primeros meses, pero no me estaba ayudando en ese momento porque empecé a sentir el mareo en mis manos, era como si la mesa se estuviera balanceando. Pensé: “¡Esto es peor que al principio!, lo siguiente serán las náuseas y luego estaré vomitando el piso de la oficina”.

En mi mente imaginé claramente la escena de vergüenza por la inminente catarata de huevos con chorizo que inundaría el piso. De pronto escuché la voz de Emiliano cada vez más fuerte mientras venía desde su oficina, me estaba gritando muy alterado: “¡Dina, Dina!… ¿Qué estás haciendo? ¡CÓRRELE! ¡Tenemos que salir, está temblando! 

En un segundo mi cuerpo se inundó de dos flujos eléctricos. Uno recorrió mi garganta hasta el estómago, lo sentí del mismo modo que se siente un trago de agua fría cuando traes el estómago vacío. Solté el aire en un intenso suspiro de alivio, me tranquilizó saber que no sería protagonista de ningúna escena asquerosa. Pero luego sentí una potente punzada en la nuca que me erizó los pelos, pasó hasta el cuello y la columna; el voltaje viajó hasta mis muslos y luego a las pantorrillas. Me quedó un fuerte ardor.

Miré a Emiliano detenerse en el umbral de la puerta de mi cubículo. Me extendió una mano al tiempo que se sujetaba de la pared con la otra. Lo vi perder el equilibrio, se mecía de un lado a otro. Luego volteo la cabeza para mirar atrás, en dirección de la salida. Volvió a mirarme, miró mi vientre. Vi la duda en su cara y de pronto me pareció que se veía deforme. Sus ojos habían duplicado su tamaño, su boca estaba chueca y las mejillas estaban como aplastadas. 

Nunca me pareció que Emiliano fuera del estilo cobarde, pero al verlo de ese modo sentí que me abandonaría si no corría hacia él inmediatamente.

Entonces escuché un estridente crash del archivero que cayó detrás de mí, seguido de numerosos cracks de los cristales que estallaban por todos lados. Sobre nuestras cabezas sonaba el intenso crac del techo. Instintivamente, los dos miramos arriba para ver una grieta formarse a todo lo largo del cuarto.

Emiliano emitió un pujido de pánico y dio un par de pasos atrás. Estaba a punto de echar a correr. 

¡Maldito!, ¿Sería capaz de dejarme a mi suerte?

El ardor de mis pantorrillas se intensificó y me dio impulso para alcanzarlo, pero las baldosas debajo de nuestros pies se partieron antes de que pudiera tocar su mano. El piso se había inclinado varios grados y me hizo caer. Había quedado a gatas y salvado apenas suficiente espacio entre el piso y mi vientre. Ya había escombros en el piso. Entonces sentí los brazos de Emiliano cogiéndome por debajo de las axilas para levantarme.

Y luego todo se puso negro. No recuerdo nada más.

El equipo de Topos completó mi historia, tres semanas después en el hospital, cuando abrí mis ojos por primera vez desde el terremoto. Me dijeron que me encontraron debajo de un escritorio. Y también dijeron que un hombre estaba sobre mí. Me aseguraron que de no haberme cubierto con su cuerpo, yo habría muerto con él. 

8 comentarios en «Mi hijo se llama Emiliano»

  1. ¡¡Angustioso!! La sensación de vivir un terremoto no se te olvida, pero si además, casi pierdes la vida y la de tu hijo, el impacto emocional debe ser terrible. Me gustó tu relato Julieta.

  2. Un excelente relato, espero que sea solo fruto de tu imaginación y no lo hayas vivido en carne propia. Me gusta como el hombre al final y contra todo pronóstico acaba salvando la vida de la mujer embarazada. Hermoso homenaje ponerle el nombre de su salvador al bebé. Me gustó mucho. Saludos.

  3. Ana solo viví algunos temblores en la Ciudad de México, pero ninguno de la magnitud del relato… así que le añadí de mi imaginación …y mientras lo escribía tampoco me imaginé que el hombre terminara salvándola, de pronto se sucedió. Saludos ANA!!!!!! gracias por pasarte por aquí, yo soy tu fan.

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