No me lo vas a creer.

Tienes libre albedrío para pensar que lo que te voy a contar no es verdad. Cada quien puede creer en lo que quiera. Y yo creo en lo que me pasó.

Resulta que compré un atado de hierbas, y ya sabes que las hierbas son medicinales y tienen varios usos, como cuando pones lavanda en el difusor para sentir calma. Pues yo compré un atado de ramitas que supuestamente ayuda para nuevos comienzos. El chiste es quemarlo de una orilla y dejarlo consumir mientras el aroma impregna tu casa… o puedes hacer con él cualquier otra cosa que se te antoje.

Me pareció una lástima que tan bonito atado de hierbas se quemara solito así sin más nada. Por eso se me ocurrió hacer algo. Y en mi cabeza nacieron varias ideas para que las hierbitas se ahumaran con más teatro. Luego pensé que mis ideas eran el resultado de ver tanta película y que no tenía caso inventarme cosas. Pero la verdad es que me ganaron las ganas de hacer algo. Y siendo honesta conmigo misma, desde que lo compré me emocioné con solo sostenerlo, así que no pude dejar pasar la oportunidad de jugar.

Pensé que el mejor momento para quemar mi atado sería en luna llena, solo porque en todos lados dicen cosas sobre la luna llena, hasta en los cuentos los hombres se transforman en lobos. Elegí hacerlo en la azotea de mi casa, para estar más cerca de la noche y tener privacidad. Llegado el día dibujé un circulo en el piso, hecho con pétalos de flores silvestres de esas que crecen en los baldíos y en los parques, y también puse pétalos de un par de rosas blancas que no tenía pensado comprar, pero que compré solo porque la vendedora era una señora ya mayor, que andaba en la calle y apenas podía caminar.

Dentro del circulo se me ocurrió dibujar una estrella, pero pronto deseché la idea porque no sabía si eso sería bueno o malo, por aquello de que si la estrella tiene cinco picos significa una cosa y si son seis es otra… y no me iba poner a investigar nada de eso. Mi intención era hacer algo, y no precisamente algo que alguien más me dijera cómo hacer. Entonces mejor dibuje una flor parecida a los mándalas. En cada pétalo puse objetos significativos para mí, que tenían relación con mis deseos de un nuevo comienzo. No me preguntes por qué, solo se me ocurrió y ya.

En el centro puse el atado sobre un molcajete, para que se quemara ahí mismo, y alrededor acomodé pequeñas velas blancas, con fotos de mi familia y mis amigas.

Estaba convencida de que si quería un nuevo comienzo, pues había que hacerlo diferente, así como me saliera, no importaba si eran ideas de películas o de cuentos. Aunque por un lado me sentía ridícula, había una gran parte en mi interior que sentía emoción, como cuando vas a tu primer día de escuela.

Me vestí de blanco, subí una bocina pequeña para poner música celta de una lista de spotify, prendí las velas y el atado para que empezara a ahumar. Me senté con las piernas cruzadas y vi la hora en mi celular, decidí esperar a las once de la noche para cerrar los ojos y comenzar a orar y meditar, del mismo modo que acostumbro hacerlo algunas noches.

De pronto me paso algo que nunca me había pasado cuando medito. Aún no sé cómo explicarlo. Tal vez la palabra -trance- sea la correcta, ¿O será que entre en hipnosis? ¿Me quedé dormida?

El caso es que poco después de empezar a meditar sentí un viento muy frío que me hizo abrir los ojos para ver el cielo, ahí fue cuando me di cuenta que estaba en medio de un bosque. Vi árboles altos por todos lados y yo estaba sentada sobre tierra seca, en medio de un circulo lleno de flores, similar al que había hecho en mi azotea. Me fije que por fuera del circulo había mujeres sentadas, algunas se tomaban de la mano y casi todas tenían sus ojos cerrados mientras decían en susurros no sé qué, pero parecía como un mantra porque lo repetían.

Hasta aquí seguro estás pensando que yo estaba soñando o que estaba alucinando, pero la verdad es que yo lo veía muy real. Tan real que sentí calma, mucha calma. Algo dentro de mí, que no era yo la de la azotea sino yo la mujer del bosque, me regalaba pensamientos tranquilizadores.

Enfrente de mí apareció una mujer mayor de rostro familiar, cabello gris y largo, con una capa enorme que le abrigaba todo el cuerpo, la capa tenía una capucha que cubría su cabeza. Sus ojos negros, grandes y brillantes me atraían. En su frente tenía dibujada una luna llena. Sin mover sus labios me dijo exactamente lo que te voy a escribir:

Estás aquí porque dejaste tu magia atrás,
quieres despertar para comenzar.
Nosotras siempre viajamos juntas
¿Ya nos reconociste?

Instintivamente miré a mi alrededor para ver a las mujeres que estaban ahí, para ver si las reconocía. La vista se me empezó a nublar, pero alcancé a ver algunos rostros de mujeres que conozco. Sentí como si apretara los ojos para ver bien, porque se me estaba dificultando ver las otras caras. No pude ver más porque la mujer enfrente de mí puso su mano en mi cara, me tapo la vista y dijo quién sabe qué en un idioma extraño.

Cuando abrí los ojos estaba tumbada en el piso de mi azotea. La música celta seguía sonando bajito, el atado estaba totalmente consumido, las velas apagadas y la luna llena iluminaba la noche. Me senté y cogí mi celular, eran las once con once minutos.

Habían pasado apenas once minutos desde que cerré los ojos.

6 comentarios en «No me lo vas a creer.»

    1. Marlen que bueno que te gustó el cuento, y más aún que me lo crees. Espero que tengas oportunidad de pasarte después a leer lo que siguió ocurriendo en la historia. Ya no seguí escribiendo porque sino se hacía muy largo. Un saludo.

    1. Isabel, son puros cuentos!!!
      Voy a utilizar el mismo recurso de capítulos para seguir la historía porque me pareció que iba a quedar muy largo el post. Ya te seguiré contando qué más pasó.

    1. ¿verdad que sí pudiera pasar? A veces siento que nos pasan muchas cosas que aún no hay explicación o que andamos buscándola. Mira, como lo de los fantasmas, no tiene explicación tantas y tantas cosas.

La cajita es para motivarte a comentar algo