Días malos

Ayer fue un día bastante malo para mi.. de esos que todo te va mal. Toda la mañana estuve sintiéndome muy  mal, estuve enferma con un terrible dolor de estómago y tenía demasiado trabajo en la oficina que no pude dejar pasar, así que pase la mitad del día con dolor y trabajando.

Para la tarde decidí salir temprano, no podía seguir así. Pagué el estacionamiento pensando solo en salir de ahí y refugiarme en mi casa. Manejé hasta la entrada del 2do piso de periférico, donde tuve que detenerme unos metros antes para recargar mi TAG y hacer uso de la dichosa ruta. Cuando abrí mi cartera me percaté que me faltaban 100 pesos y recordé que el chico del estacionamiento no me había regresado el cambio completo… ¡ggrrr que coraje!

Al tratar de entrar al segundo piso tuve que hacerle de chilanga y meterme en las filas para alcanzar la entrada, pero así es aquí, me he fijado que predomina la ley del más escurridizo, se pone a prueba tu habilidad para meterte entre carro y carro haya o no haya espacio. Ya me acostumbré y he aprendido a hacerlo cuando lo necesito y esta era una de esas ocasiones.

Al pasar el lector de TAG, el carro que venía a mi izquierda se dio tal volantazo a mi carril que me hizo frenar por reflejo y exudar adrenalina. Pero no había motivo para que lo haya hecho así, cuando yo quedé atrás del carro me di cuenta que bajo su velocidad como a 10km, pero entonces entendí, me estaba enfrentando a un ardido de los que dejé atrás en mi ingreso escurridizo.

Ya estoy acostumbrada también a esta gente, que me pelea con una ira sorprendente. Así que decidí ignorarlo y dejarlo ir, además me sentía muy enferma y con poca fuerza para pelear por eso. Pero que yo lo dejara ir no significaba que aquél individuo lo hiciera también, por el contrario se me puso enfrente, sin dejarme rebasar y andaba a una velocidad muy baja.

Me movía al carril de la izquierda cuando este ya se daba el volantazo para taparme, me regresaba y lo mismo, luego él aceleraba y ahí iba yo detrás cuando de repente se paraba casi por completo. Y ahí estaba yo frenando para no estamparme con él, ¡POR DIOS! ¿QUÉ CASO TENÍA TODO ESO?

Miré mi retrovisor y vi venir una camioneta a muy alta velocidad, así que acelere ya saben cómo, guardando el empujón para avanzar y en cuanto me pasó me le pegue por detrás y el tipo de delante intento metérseme, pero iba yo ya demasiado a prisa y muy cerca de la camioneta, solo así lo dejé atrás.

Y mientras voy camino a mi casa, enferma, enfadada por mis cien pesos y llena de adrenalina por este último incidente, pensaba que en el mundo no hay gente buena, es que no hay. Quería tirar a la basura mi teoría de que todos somos buenos, de que solo hay que ponernos en  los zapatos de los demás para entender sus actos. Siempre ando por ahí justificando las acciones de medio mundo, pensando por qué hacen lo que hacen.

Apenas ayer en la mañana escuchaba la noticia del señor Nepomuceno, uno de los tantos que son asesinados por defender sus derechos y  peooor, asesinados por el propio gobierno. Es que, ¿quién es bueno ahora? Los polis claro que no, los transitos menoosss, ¿los que manejan? tampoco, ¿el del parking que me quito 100 pesos? ¡uf!, y aquí en DF me doy cuenta que también gobierna otra ley que dice “me chingas y te la regreso dos veces”.

¡De verdad!, incluso de los que dicen ser buena gente he recibido semejantes trastazos. Como hace un par de días, que tuve que hablar con una chica que se las da de ser buena vibra, para decirle sobre una decisión de la que no estuvo muy de acuerdo; y después me enteré que estuvo hablando a mis espaldas, no sé si buscaba hacerme ver mal o qué (aún no me queda clara su intención), pero sus acciones lejos de perjudicarme sí me entristecieron, porque de verdad parece que no puedo confiar en nadie ni pensar bien de nadie.

No importa el cristal con que se mire, ser malo es ser malo; malo como este tipo lleno de ira en su auto o esos polis matones, no importa cuáles sean los motivos creo que siempre podemos elegir nuestra reacción a todas las circunstancias. No importa si ese tipo venía enojado porque lo despidieron de su trabajo, tuvo elección de no ser una botella de cocacola, que nomás agitas poquito y ya está explotando.

Al final llegué a mi casa y pude descansar. Y hoy que regresé al estacionamiento le dije al chico que me habían faltado 100 pesos y me dijo que me los dio pero lo deje ahí. Abrió su cartera y me los regresó. Él eligió ser buena persona y por eso hoy creo que vale la pena retomar mi teoría de que al final puede ser que no seamos tan malos después de todo.

Y ya hoy tuve un buen día, de esos que te va de maravilla.

Julietajimz

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