No me llamo Marla

Nunca había pensando en escribir sobre mi vida, ¿Qué tiene de interesante una vida como la mía? A nadie le interesa lo que tenga para decir una mujer como yo.

Mis días no son días, en realidad son noches. Y en estas noches no duermo.

Ayer hablé con mi amiga, ella no es como yo, ella es de otro mundo aunque vivimos muy cerca. Siempre platicamos, hablamos de muchas cosas. Ayer me dijo que podía hacer esto, escribir sobre mi vida.

Al principio pensé que lo decía en broma. Pero ella no es de bromas, ella me toma en serio. Mi amiga tiene más fe en mi que yo en Dios. Me lo dijo muy seria: “Marla deberías escribir eso”.

Bueno, para empezar no me llamo Marla. No quiero poner mi nombre real, te podría decir que es por miedo, pero yo ya no tengo miedo. Solo decidí que no pondría mi nombre real, aún no sé por qué, pero algo me dice que sea así.

Y mi amiga me dijo, “Marla escribe eso, es muy bueno para el alma”. No me reí porque ella no es de bromas, pero no sé si una mujer como yo tiene alma. Quizá sí, quizá termine reparando el alma que se quebró en mi primer día de noche.

No sé muy bien cómo se debe empezar un diario de internet. ¿Debo decirte cómo soy? Estoy acostumbrada a valer por como soy, por eso creo que debería empezar con eso.

Soy alta, más alta cuando uso mis tacones. Soy de las altas de las mujeres de mi calle. Heredé lo alto por mi mamá. Soy delgada, flacucha. Soy morena, a veces me dicen que parece que regresé de la playa. Tengo ojos grandes, ojos negros. Tengo labios grandes y rechonchos. Tengo cabello negro, lacio y corto, tan común que prefiero usar peluca. Sí soy bella, si me lo preguntas te lo digo así muy segura, soy una mujer bella. No por nada me va bien.

Si te fijas, no tengo nada de peculiar, soy común. Pero soy bella. Desde hoy escribiré de mi vida y de mis días y de la gente que pasa por mis noches.