Besocetamol

Te di ese beso que tenía la misión de cambiarlo todo.

Ese beso que pudiera borrar y borrar y borrar todas estas cicatrices. Limpiar.

Lo di todo para que en ese roce de nuestros labios pudiéramos regresar el tiempo a esos momentos donde la pasión lo era todo, allá donde tú y yo éramos incendio.

Recordé todo, lo volví a sentir todo. Me recorrió por la sangre ese calor familiar, lejano.

Pero abruptamente terminó. Abrí mis ojos, y tú seguías aquí.

Beso maldito, no me cumplió. No había manera de que lo hiciera, porque no hay beso que se entregue si no hay labios que le quieran.

Ningún beso ha podido. Ningún deseo. Ningún roce.

¿Cuántas veces más querrán estos labios necios curar nuestra historia?

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